Peeling: Para una piel sana y renovada

Texto: Jesús Chicón

El término “peeling” (del inglés “pelar”) se utiliza para denominar cualquier técnica cuya finalidad sea la descamación de las capas más superficiales de la piel (dermis y epidermis). Después, le pondremos el “apellido” que queramos: peeling médico (utiliza determinados productos de uso exclusivamente médico), peeling no médico (usa sustancias que legalmente puede manejar una esteticista u otro personal no médico), peeling químico (utiliza sustancias químicas para lograr el pelado), peeling físico (utiliza productos físicos para lograr el pelado), peeling casero (usamos sustancias que todos tenemos en nuestros hogares para lograr la descamación)…

Es necesario comentar algunos aspectos de la histología (ciencia que estudia los tejidos) de la piel para abordar el tema de los peelings. Prometemos no ser muy técnicos ni pesados. Lo que normalmente llamamos piel, en realidad son tres capas superpuestas: la hipodermis (la más profunda), la dermis (intermedia) y la epidermis (la más superficial). A su vez, la epidermis está compuesta por cuatro subcapas: basal, escamosa, granulosa y córnea (que es la más externa). Pues bien, las células de la epidermis “nacen” en la capa basal y van subiendo hasta la capa córnea, donde “mueren”. Este proceso dura aproximadamente 39 días. La piel tiene múltiples funciones: protectora, reguladora de la temperatura corporal, liberadora de hormonas… y también una indiscutible función estética. De hecho cualquier patología de piel resulta de una evidencia absoluta (aparecen enrojecimientos, granos, descamaciones…) a los ojos de cualquiera que nos vea. Siempre ponemos el mismo ejemplo: un hígado con cirrosis tiene un aspecto horrible (ennegrecido, arrugado, deformado… ¡Da asco!) pero, como el hígado no se nos ve, es mucho menos limitante en nuestras relaciones sociales que un simple acné.

Derivado de esa implicación estética de nuestra piel es el cuidado que, desde nuestros ancestros, se le ha dedicado a tal órgano. Ya los egipcios realizaban tratamientos con leche agria (el ácido láctico es un fantástico blanqueante); en la antigua Grecia los atletas se embadurnaban con aceite de oliva y polvo fino para protegerse del sol (¡qué buen fotoprotector natural!); los romanos introdujeron técnicas depilatorias; en la edad media las mujeres se bañaban con vino (polifenoles antioxidantes)…

Toda esta motivación estética está muy bien. Pero, además, detrás de cada gesto que realizamos para que nuestra piel luzca bonita, hay una acción saludable mucho más importante. Hemos dicho anteriormente que las células de la epidermis “morían” en la capa córnea. Dicho de otro modo, las células de la epidermis, en su viaje desde la capa basal a la capa córnea van “envejeciendo”. Es por todos sabido que las células que pueden tener un comportamiento maligno (tumores) son las células más envejecidas. Así que podemos concluir que cada vez que hacemos un peeling (una descamación de las células más superficiales de nuestra epidermis) no sólo estamos mejorando nuestro aspecto (eliminamos células viejas) sino que estamos eliminando posibilidades de que aparezcan lesiones crónicas (potencialmente malignas) en nuestra piel.

Ocurre lo mismo con la exposición solar. Está en el saber popular que el sol deteriora enormemente la piel: salen manchas, salen arrugas… De hecho hay muchísima gente que tras las épocas de gran exposición a los rayos del sol se hacen tratamientos con peelings para “borrar” los estragos del astro rey. Pues bien, está ampliamente demostrado que la luz del sol (fotones) puede modificar el ADN de las células de la piel y convertirlas en células tumorales.

Desde aquí recomendamos a todos los lectores que, tras el verano, se realicen un tratamiento de entre 4 y 6 sesiones de peelings. ¡Por vuestra salud! Pero, eso de hacerse peelings suena a algo muy complicado. ¡En absoluto! La naturaleza es generosísima en el número de sustancias que nos permiten hacer un efecto de descamación al entrar en contacto con nuestra piel. Desde tiempos remotos se han empleado elementos tan comunes como el azúcar, el aceite de oliva, la miel, almendras trituradas, la sal… para elaborar preparados con efectos descamativos sobre nuestra epidermis.

Lógicamente ya que vamos ha realizar un tratamiento sobre nuestra piel, vamos a intentar que sea lo más completo posible. No se trata de buscar una función exclusivamente descamativa sino que podemos realizar, a la par, una acción hidratante, nutritiva, antioxidante… sobre nuestra epidermis. Todo va a depender de los elementos que compongan la sustancia elegida para realizar el peeling.

Veamos a continuación algunos de los componentes interesantes para la composición de los peelings: Aceites: todas las células del organismo (y especialmente las células de la piel) tienen su membrana celular (cubierta exterior que condiciona el estado de salud de dicha célula) constituida por ácidos grasos. Si aplicamos alguna sustancia rica en aceites (el aceite de argán está demostrando últimamente lo absorbible y biodisponible que puede llegar a ser) estos ácidos grasos se incorporarán rapidísimamente a nuestra piel concediéndole un aspecto hidratado, suave, elástico… Vitaminas: todo el mundo sabe que las vitaminas permiten a cualquier órgano (y por supuesto a la piel) un adecuado y sano ritmo biológico.

Un pequeño aporte tópico de vitaminas antioxidantes (vitamina A, E, C…) resulta fantástico para la epidermis (el aceite de argán es rico en vitamina E). Minerales: de igual manera que hemos comentado para las vitaminas, con los minerales ocurre algo muy similar: un adecuado aporte mineral (concretamente el azufre) garantizan un correcto funcionamiento epidérmico. Actualmente se usan muchas aguas termales, ricas en minerales y oligoelementos. Sustancia con efecto peeling: lógicamente, al tratarse de un compuesto con efecto descamativo, tendremos que aportar algún elemento que posea dicha función. Entre los más comunes están la sal, semillas trituradas… Todos estos elementos realizan su acción pelante a través de una abrasión (“lijado”) de la superficie epidérmica. Pero hay un elemento
igual de natural, menos común, pero con unas características especiales que permiten una aplicación diferente: la celulosa. La celulosa permite una aplicación atendiendo a una técnica denominada “gommage” (engominado). Es decir, hace el mismo efecto que si, tras haber escrito en un papel con un lápiz, lo borrásemos con una goma de borrar. Saldrían unas virutitas de goma donde iría adherido el grafito que antes estaba en la hoja de papel.

De igual manera la celulosa formaría unas virutitas que llevarían adheridas las células muertas, dañadas y/o envejecidas de nuestra superficie facial o corporal. ¡La verdad es que ya sabemos muchísimo de peelings! Ahora toca poner en práctica todos estos conocimientos teóricos. Así que ¡un peeling a la semana, cosa sana!

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2 Respuestas

  1. Rocio Marin dice:

    Muy bueno el artículo, lo del cáncer me ha sorprendido mucho, no sabia que fuera tan saludable. Tendre que probarlo 🙂

    Saludos.

  2. miriam agreda dice:

    me gustaría probar algo de esto para ver que tal…………………….

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