Apiterapia: Apitoxina para revitalizar las articulaciones

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Texto: Sano y Ecológico

La APITERAPIA es la utilización medicinal de la miel de abeja y sus productos, incluyendo miel cruda, polen, propóleos, jalea real y veneno de abeja (Apitoxina), y tiene una larga tradición como remedio popular para la artritis y otras enfermedades degenerativas. Resulta interesante saber que varios estudios científicos han asignado a algunas de estas sustancias, especialmente a la apitoxina, propiedades antiinflamatorias, analgésicas e inmunoestimulantes, muy útiles en las patologías que afectan a las articulaciones.

La Apitoxina proporciona beneficios analgésicos, antiinflamatorios y de modulación en la respuesta inmunológica del organismo. Su acción implica el ejercicio de una inmunoestimulación controlada del sistema defensivo del cuerpo, de especial utilidad en el tratamiento de enfermedades de tipo autoinmune como la artritis reumatoide y otras de génesis similares. Es un tratamiento 100% natural para aliviar dolores crónicos de articulaciones en general, devolviendo la movilidad alterada por procesos inflamatorios rebeldes a tratamientos convencionales.

El veneno de las abejas es una medicina natural que ellas mismas, cual expertas acupuntoras, saben aplicar a sus pacientes, con una técnica que ha demostrado sus beneficios para sanar enfermedades como la artitris, la artrosis o la psoriasis y que es tan antigua como desconocida. La Apitoxina es un estimulador natural de la producción de corticoides y que además contiene dopamina. Pero la química de los componentes de su veneno no lo es todo, ya que las abejas, además, tienen una sabiduría especial para detectar el punto exacto en el que el cuerpo tiene un conflicto y en el que deben clavar su aguijón e inyectar su veneno. “Hay escritos que narran que en China las abejas ayudaron a construir el mapa de la acupuntura”, explica el apiterapeuta José David Versaci, “posiblemente por el cambio de temperatura, identifican zonas conflictivas, canales corporales, chacras o simplemente un golpe” en el cuerpo, lugares en los que “se sienten agredidas” y, en respuesta, “sacan el aguijón” e inyectan su veneno. Cuando lo hacen, además, provocan una mancha enrojecida que funciona “como un parche natural” y que hace que el organismo vaya absorbiendo la Apitoxina en la medida justa en que lo necesita.

Según Versaci la apiterapia con veneno de abeja “Es una ciencia, no es un experimento ni mucho menos, es una disciplina que está presente en la tradición médica de otras culturas”. ¿Porqué entonces esta terapia no es más conocida en occidente y la apitoxina no está mas presente entre las sustancias utilizadas para el tratamiento de las enfermedades que hemos mencionado? Probablemente porque aunque se han hecho estudios sobre las propiedades de la apitoxina en la recuperación de enfermedades que afectan a las articulaciones, no se ha conseguido sintetizar de forma artificial este compuesto, y su extracción directa de las abejas resulta muy complicada ya que el 80% de la sustancia se volatiniza en el proceso. Además, una parte indispensable del tratamiento se basa en el trabajo de las “abejas acupuntoras”, que depositadas sobre la zona por el apiterapeuta localizan el punto exacto donde deben clavar el aguijón. Por tanto el tratatamiento debe hacerse de forma personalizada y presencial, como si se tratara de una sesión de acupuntura, aplicado por un naturópata especializado, y siempre habiendo evaluado antes posibles reacciones alérgicas al veneno de las abejas.

Aunque el propóleo o la jalea real están muy presentes en los tratamientos de naturopatía para problemas variados, los beneneficios del veneno de abeja son menos conocidos y en nuestro país hay pocos especialistas en esta disciplina. Versaci, que está afincado en Cádiz y se interesó en la apiterapia a raiz de un problema propio de salud, hace incapié en que las abejas utilizadas en estos tratamientos deben estar libres de cualquier contaminación química, algo que cada vez resulta más complicado dada la proliferación del uso de insecticidas. “No cura todo ni mucho menos”, añade este apiterapeuta, que asegura que el veneno de las abejas aporta todo su potencial en tratamientos de artrosis, artritis, reúma, hernias discales, esguinces y fracturas, en problemas de la tensión arterial, de circulación o en afecciones como la psoriasis.

Un estudio de el National Center for Biotechnology Information (instituto dependiente del gobierno de EE UU) ha destacado especialmente los beneficios de esta técnica en pacientes con artrosis y artritis reumatoide. La Apitoxina forma parte de los múltiples beneficios medicinales naturales, como la miel, el polen, la jalea real o el propóleo, que ofrecen las abejas.

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